Vamos a relatar una situación que quizás te suene familiar. Un día normal, por la mañana o por la tarde, nos apetece comer algo, vamos a la cocina, abrimos la nevera o el cajón y picamos de todo aquello que nos gusta. Es más, comemos tanto que, hasta en algunas ocasiones, se podría considerar como una comida completa. Pero no por los nutrientes o vitaminas que ingerimos, sino por la cantidad de calorías que introducimos a nuestro cuerpo. Puesto que no comemos precisamente lo más sano que tenemos en la despensa.
No obstante, si quieres dejar de atracar la nevera, lo puedes conseguir. Es probable que cueste tiempo, pero si se ponen ganas, esfuerzo y fuerza de voluntad es posible.
Para evitar darnos estos atracones, lo primero que tenemos que hacer es no pasar hambre. Es decir, saciarnos (pero sin llegar a reventar, claro) durante las comidas principales y establecer pequeñas ingestas de alimentos entre horas. Pero cuando hablamos de alimentos, nos estamos refiriendo a tostas, frutas o pequeños dulces. No todas las guarrerías que tenemos por casa.
Posteriormente, una buena recomendación es cerrar la puerta de la cocina y no tener alimentos en otras estancias de la casa fuera de ella. Así que sí, ciérrala, o cierra la puerta de tu habitación. Aunque pueda parecer una tontería, crear una imagen visual de prohibición puede servir de gran ayuda a la hora de frenar nuestros impulsos más agresivos.
Por último, y como norma fundamental, no compres ningún tipo o clase de bollería, comida procesada o preparada. Puesto que será lo primero a lo que recurras cuando quieras picar algo. Evita todos estos alimentos, y si quieres comprar alguno de ellos, hazlo siempre en cantidades pequeñas.
En otras noticias relacionadas de interés, expertos en botánica advierten de los peligros de añadir flores a comidas para posturear.