La anorexia sigue siendo la gran desconocida

En los últimos años, la prevalencia de los trastornos de las conductas alimentarias (TCA) se ha incrementado. Asimismo, la edad de las personas afectadas se ha reducido, afectando cada vez más a los más jóvenes.

Pese a ello, no son muchos los casos que se dan a conocer en público. Las personas que lo sufren lo suelen hacer en compañía de sus familiares o amigos más próximos, puesto que en la sociedad hay una gran cantidad de estereotipos ligados a los trastornos mentales. Estereotipos que, en la mayoría de los casos, no coinciden con la realidad.

En el caso de la anorexia, el perfil que sufre este trastorno suele ser el de una persona responsable, altamente exigente, inteligente, perfeccionista, sensible e insegura. Al contrario de la imagen frívola y superficial que mucha gente puede tener de estas personas, los enfermos suelen tener grandes inquietudes sociales por el entorno que los rodea.

Pero para poder entender cómo se desarrolla este trastorno, es necesario recordar que las personas que lo sufren tienen una imagen distorsionada de la realidad. Es decir, que en sus mentes hay algo que falla y que les presenta una imagen de sí mismos que no es la que se corresponde con la realidad. Lo que le les lleva a seguir adelgazando para conseguir tener el aspecto delgado que ellos creen que deberían tener.

De esta manera, poco a poco sus capacidades físicas y mentales se van mermando llegando a una situación extrema. Puesto que aprenden a controlar el hambre, a realizar una gran cantidad de ejercicio y a evitar los alimentos con mayor contenido calórico. Se adentran en una rutina de la que no pueden salir. Además, el precario estado de salud que presentan estas personas les lleva a presentar cansancio permanente, irritabilidad, conductas antisociales, tristeza o depresión, en muchos de los casos.

Para conseguir su recuperación, es fundamental que estas personas cuenten con el apoyo incondicional y la paciencia de sus familiares o amigos. Asimismo, también es muy importante no juzgar ni culpabilizar a la persona enferma, ya que ella no ha elegido tener esta enfermedad.

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